Ya no escribes para mí.

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—Ya no escribes para mí.

—¿De qué hablas? ¿Escribir qué?

—No te hagas. Ahora escribes para alguien más… a decir verdad siempre lo hiciste ¿No es así?

—Más o menos, aunque si hemos de ser honestos… Quise escribirte pero no pude… me hubieras acabado: hubieras sido lo ultimo que hubiese escrito.

—Lo se. Lo quisiera creer. Y aún así, no te creo del todo. De repente no creo que hayas intentado ni una pinche columna de los martes conmigo. Pero te diré una cosa: aún así me gustaba imaginarte describiéndome en tu silla, esa medio rota que está siempre frente a tu viejo escritorio gris atiborrado de notas que estúpidamente esperaba fueran sobre mí… pero yo,  yo sí te escribí varias veces.

—¿Y por qué nunca me mostraste nada?

—No sé, por miedo supongo ¿Por qué más? Pero lo sabías ¿no? ¿Sabías que te describía a diario, en silencio y en secreto?

—Supongo… Sí. Lo imaginaba pues. No era normal.

—¿Qué no era normal?

—Que no lo hicieras sí eso parecía. Yo te veía; observabas con ojo narrativo cada movimiento, cada expresión, cada paso ¿Qué más podías estar buscando sino otro personaje o una nueva historia para algún otro de tus cuentos baratos?

—¿Cuentos baratos? ¡Claro! ¿Qué más podría ser para ti sino un cuento barato? ¿Qué más? Tú dime. Yo ya no sé nada.

Viviré mi vida y cerraré mi ciclo. Es mi decisión. Y lo sabes.

—No me salgas ahora con tu único pinche buen poema. Llevas años recitándomelo y ¿Sabes qué? No te creo ya nada. Tu ciclo se cerró y ya te dejó atrás como todos a tu alrededor lo hemos hecho. Yo mismo quedé al final cuando ya nadie toleraba verte. Pero en algún momento yo también me cansé de ti.

—¿Y a ti qué más te da ahora? ¿Cuál es tu problema?

—Tienes razón, ya no me debería importar. Pero ¿Sabes una cosa?  Me importas; y mi problema es que no sé si algún día dejarás de importarme. Yo espero que sí pero ya ves… nunca se sabe… A veces todavía te leo furtivamente.

Nunca se sabe… eres tú quien lleva la vida repitiendo esa letanía, esa sí, tu única perorata. Termina de una vez y toma tu vida en tus manos. ¿Cómo que no sabes? Sólo tú sabes ¡Entiéndelo de una vez por todas!

—¡Eso trato! Y por eso mismo te digo hoy una cosa: Ya no quiero que me escribas. Alguna vez lo soñé, lo desee con el alma pero ya pasó. En verdad… ya no quiero que me escribas.

—No lo iba a hacer de cualquier forma.

—Lo se. Pero al menos quería tener el gusto de decírtelo de frente. A lo mejor así recupero un poquito de mi dignidad.

—¿Tú crees? En una d’esas tienes suerte y hasta recuperas mis narraciones… hasta un cuento te hago.

—Ya no lo deseo. Ahora escribo para alguien más.

—Eso lo se yo bien. Se te nota a leguas… pero dime entonces ¿De quién se trata?

—Quisiera decírtelo; pero ni yo mismo estoy seguro todavía. Lo único que sé es que hay otras historias mejores que la tuya. Y que todas ellas me esperan para ser contadas.  El tiempo se terminó. Y debo decirte que a ti, ésta és la última vez que yo te escribo.

Sinceramente tuyo.

Hasta una vida futura.

    *

Vlad Temporal

@VladTemporal

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